
Hundidas en el valle... nuestras cicatrices urbanas van pasando cada vez más discretas, inicialmente el río como frontera, el viaducto del metro como un eje ‘democratizador’ de la ciudad, los alumbrados como adorno y tributo efímero al sumidero…
luego vino el queloide… los tumores de las ciudades...
y empiezan a salir esos abultamientos un poco extraños, extravagantes y ante todo predecibles y poco creativos. casi 400 metros lineales de arquitectura aburrida, sin una concepción estética valiosa para la ciudad, como icono del poder económico y la miseria volumétrica y arquitectónica…